La
voz de Aragón
Nacido en
1935 en Zaragoza. Profesor de instituto en excedencia. Ha escrito libros
de poesía, novela, viajes y cientos de artículos periodísticos.
Ha presentado y escrito programas de radio y televisión, el último,
doce documentales sobre la España rural Un país en
la mochila (TVE), se ha estrenado en octubre del 2000. Cantautor
comprometido con la democracia y Aragón, amenaza con lanzar un
nuevo disco -el diecisiete- en primavera.
Lúcido,
escéptico, socarrón y melancólico, ha estado siempre
en la lucha política. Fundador de la revista Andalán
y del Partido Socialista de Aragón (PSA), se ha presentado varias
veces a las elecciones por partidos de izquierda. Ha sido diputado de
las Cortes de Aragón por la Chunta Aragonesista, cargo que abandonó
al ganar un escaño con la misma formación en el Congreso
de los Diputados en 1999.
Su canción
El canto a la libertad se ha convertido en el himno de Aragón.
Un
texto inédito de Javier Delgado sobre el momento en que
conoció a Labordeta en el año 71.
Un tímido
osado
y comprometido
©
A N T O N I O P É R E Z L
A S H E R A S
"Nací
en Zaragoza en el año 1935, en el seno de una familia pequeño-burguesa
e ilustrada. En mi casa igual se leía a Virgilio que a Lautremont. Tuve
una infancia secretuda y llena de escondites donde guardaba mis ansias
de ser un hombre. No fui buen estudiante pero sí buen amigo de mis amigos.
De mi hermano Miguel heredé el ansia de escribir y de mi hermano Manuel
la de cantar. ¡Él sí que cantaba bien!
De
mi padre heredé los silencios y de mi madre la desconfianza hacia el
ser humano.
Escribí
versos, me reí con mis amigos y el franquismo me puso la cara seria
hasta tal punto que, durante unos años, olvidé el reírme. Tan tarde
empecé que ahora mi risa es un rictus un tanto conejil.
Un
día me puse a cantar, pero nunca me lo tomé muy en serio porque estaba
convencido de que ése no era mi oficio.
Oficié
en Andalán con unos colegas inconscientes y seguí convencido
de que lo mío era pasear por las mañanas en la zaragozana gusanera.
A
mis veintitrés años vi por primera vez el mar, desde lo alto del Campamento
de Milicias Universitarias de Castillejos. Desde allí descubrí el cabo
de Salou. Luego vi el Cantábrico y entendí a los poetas ingleses.
Ahora
sólo me produce intranquilidad el fax. Lo demás, a mi edad, ya casi
lo tengo todo controlado, menos la vida, naturalmente" (
1 ).
Si
existe un personaje que pueda considerarse emblema de la conciencia
político-social aragonesa ése es, sin lugar a dudas, José Antonio Labordeta.
Con su voz a cuestas, José Antonio ha hecho más por la difusión de lo
aragonés fuera y dentro de nuestras fronteras que muchos y muy sesudas
monografías sobre cualquier aspecto de nuestra cultura.
Resulta
curioso observar que, si como poeta, José Antonio ha tenido que vivir
en numerosas ocasiones a la sombra de su hermano, Miguel, como persona
pública ha sido él quien ha solapado la oronda figura del mayor de los
Labordeta. Su imagen ha sido símbolo de todas las causas perdidas -de
"todas las banderas rotas", como dice en una canción-, reivindicador
de todas las injusticias, sobre todo de las tocantes a la transterración
de tantas personas que han tenido que abandonar su viejo y "pequeño
país" "con la casa a cuestas" y vivir con el corazón partido el abandono
y la progresiva desertización -física y humana- de esta tierra que sigue
siendo, a pesar de tantos, Aragón. A
veces, le han confundido con Joaquín Carbonell o con "La Bullonera"
-nombre de un dúo de cantautores aragoneses, formado por Eduardo
Paz y Javier Maestre-.
Fundador
de Andalán, junto a su alma mater, Eloy
Fernández Clemente; del PSA -Partido Socialista Aragonés, junto
a otros amigos, como Emilio Gastón o Santiago Marraco-;
colaborador del PCE; finalmente, ha prestado su apoyo a la CHA
-Chunta Aragonesista-, por considerar que era el grupo político
que mejor podía defender la esencia del aragonesismo de izquierdas,
partido con el que ha llegado a ser Diputado en las Cortes de Aragón
y, finalmente, el primer Diputado en las Cortes Españolas por esta formación
política (desde 1999). Entre tanto movimiento, habría que citar a la
IDA -Izquierda Depresiva Aragonesa-, partido político-social-imaginario
al que siempre fue fiel (
2 ).
Profesor
de Historia, político, poeta, novelista, editor, articulista, memorialista,
particular cronista del acontecer diario, desautomatizador de rutinas
aburguesadas, actor, realizador de televisión (Un país en la mochila),...
pese a todo, creo que lo que más impresiona de José Antonio Labordeta
es su persona.

Cantando con Luis
Pastor
Descreído,
socarrón, escéptico hasta del mismo escepticismo, parece que ha realizado
las cosas como por casualidad, porque le tocaba y estaba allí, sin creerse
nunca que lo que estaba haciendo tuviera alguna trascendencia. Pero
sólo lo parece, porque forma parte de una muy especial forma de ser:
una combinación poco frecuente: un poco ácrata, un mucho socarrón; irónico
y depresivo; un ser contradictorio que no esconde sus contradicciones,...
hombre al fin y sobre todo, timidísimo, osado que sitúa el arrojo de
su osadía siempre en la cola de la quimera que vuela hacia la utopía.
José Antonio Labordeta Subías nació el 10 de marzo de 1935 en
el viejo caserón de la calle del Buen Pastor, número 1, donde su familia
regentaba el colegio con internado Santo Tomás de Aquino. Sus primeras
imágenes y los primeros recuerdos tienen como referente más inmediato
la guerra civil: la preocupación, el miedo, los familiares huidos, la
casa llenándose de gentes extrañas,... pero también los momentos de
exploración, de posibilidades de recorrer solo las inmensas salas del
caserón, de inventarse un mar en el que navegara el Mercado Central,
de sentirse abandonado por corredores y pasillos infinitos.
La
muerte de su padre, don
Miguel, en 1953, además de la asunción de la dirección del Colegio
de Santo Tomás de Aquino por parte de Miguel hijo, supuso el apadrinamiento
del hermano mayor sobre el menor de los Labordeta -ya con el matrimonio
de su hermano Manolo, José Antonio pasó a alojarse en
la misma habitación que Miguel, estrechándose al máximo la adoración
del niño por el hermano catorce años mayor-.
Tras
cursar sus estudios primarios en el Colegio Alemán de Zaragoza y en
la escuela familiar -con Emilio Gastón y Vicente
Cazcarra como compañeros-, donde concluye el Bachillerato, se
matricula en Derecho y, finalmente, se licencia en Filosofía y Letras
por la Universidad de Zaragoza.

Labordeta fecha
esta foto en el año 53, a la entrada del Parque Primo de Rivera.
Los cuatro del centro: Emilio Gastón, José Antonio García
Dils, Labordeta y Fausto Alcolea.
Agachado, Fausto Lambea.
Los dos de arriba: Manuel Sopeña y Jesús Lafuente.
( Para verla a su tamaño, pinchar en la
foto )
En esos
años universitarios, su presencia en las aulas se limitó a las fechas
de los exámenes, aunque sí que asistía asiduamente a esa particular
universidad que supuso para los más jóvenes la tertulia del Niké. Como
fruto de esta actividad, surgirá la revista Orejudín, curiosamente
subtitulada Establecimiento metalírico, que publica seis entregas
entre 1958 y 1959. Esta revista marca los comienzos literarios del joven
Labordeta. No eran, sin embargo, las primeras publicaciones sueltas
de este autor, ya que sus primeros escritos aparecieron en la revista
escolar del Santo Tomás de Aquino, Samprasarana. Más adelante,
sus poemas, sus cuentos y sus artículos críticos fueron apareciendo
en las distintas revistas surgidas al amparo de la tertulia del Niké
y en el seno de la OPI (Oficina Poética Internacional).
Colaboró con frecuencia, entre 1958 y 1964 en Papageno, Despacho
Literario, Poemas, y, lógicamente, en Orejudín
( 3 ). El título de la publicación
fundada por José Antonio Labordeta procede del último verso del poema
que abre la publicación, firmado por el propio director.
Rosendo
Tello ha analizado con profusión -y no siempre con ecuanimidad-
esta publicación; sobre la composición en cuestión, titulada "Camilo
Estrellas", comenta que el poema se presenta como una editorial de la
revista, ya que proponía, "además del título, un ideal de libertad,
vital y expresiva, frente a la realidad, no sólo estética, sino de salvación
de la realidad social mediante la inocencia de su personaje, un burro
en el que se imantan líneas de ensoñación ideal, 'Estrellas hasta arriba'.
Una realidad, sin absurdo, no por eso menos crítica y transmutada en
libertad de actuación" (
4 ) .
La revista,
en líneas generales, manifestaba un "descontento personal y social"
que el propio Labordeta todavía no era capaz de expresar en su medida
exacta ( 5 ).
La revista publicó como anejos una serie de libros hasta un total de
diez, entre ellos los primeros de Fernando Ferreró (Acerca
de los oscuro, 1958), Rosendo Tello (Ese muro secreto,
ese silencio, 1959) y del propio José Antonio Labordeta (Sucede
el pensamiento, 1959), además de uno de Manuel Pinillos (Debajo
del cielo, 1960) y una autoantología de su hermano Miguel
(Memorandum, 1960).

Fotografía
de José Luis Pomarón (1925-87)
tomada el año 1960. Clic para verla grande (30 K.)
Tras dos
años de lectorado en la Univérsité de Provence, en Aix-en-Provence,
su hermano Miguel le recomienda que se prepare unas oposiciones
de Enseñanzas Medias, como profesor de Geografía, Historia y Arte. Las
gana y su primer destino será el INB "Ibáñez Martín" de Teruel, donde
ejercía como director Eduardo Valdivia. Y allí va con su mujer,
Juana de Grandes, que también ejercerá como profesora en el mismo
centro, con quien se casó el 29 de septiembre de 1963 poco antes de
marchar a Teruel, hospedándose en una pensión cercana a la plaza del
Torico.

Colegio
Menor San Pablo en Teruel: Eloy Fernández Clemente (que ha cedido
la foto), Agustín Sanmiguel, Jesús Oliver, Florencio Navarrete
y Pepe Sanchís Sinisterra.
Los años
de presencia de José Antonio Labordeta en Teruel todavía son recordados
en la ciudad con simpatía. Por sus aulas pasaron personas como Joaquín
Carbonell o Federico Jiménez Losantos, quien define esos
momentos con gran atino: Cuando conocí por primera vez a Labordeta
tenía catorce años y cuando empecé a tratarlo, y más que a tratarlo,
a quererlo, a admirarlo, quince. Fue en el Instituto de Teruel, y luego
en el recién fundado Colegio Menor "San Pablo" al que nos trasladamos
en bloque todos los becarios del "General Pizarro", ávidos de la libertad
y, por qué no decirlo, de la novedad que aquellos profesores jóvenes
traían de golpe a nuestras vidas. En el Instituto reinaba Eduardo
Valdivia; en el Colegio, su dueño y fundador benevolente, Florencio
Navarrete; y en ámbitos más eclesiales, o entre eclesiales, editoriales
y políticos, Eloy Fernández Clemente; pero los que realmente
se llevaban el gato al agua eran Labordeta y Pepe Sanchís
Sinistierra, dos tipos absolutamente diferentes que resultaron complementarios.
Había otros muchos profesores de entonces realmente maravillosos
[...]. Era aquel un centro absolutamente disparatado [...]. A
mediados de los sesenta, Teruel era lo más progre de España, lo que
pasa es que España no se daba cuenta. Y Teruel, tampoco (
6 ) ( * ).
En Teruel
pasó la familia Labordeta-Grandes siete años (1963-1970); allí
nacieron dos de sus hijas (Ana y Ángela, a la que se sumaría
Paula, nacida ya en Zaragoza). Hay que recordar, además, que
por esos años también pasó por Teruel José Antonio Rey del Corral
(1965-1995) y que es en la ciudad mudéjar donde José Antonio Labordeta
comenzó su actividad más pública: la de cantautor.
Fue en
1968 cuando surgió lo que se denominó años más tarde "Canción Aragonesa",
con Labordeta, Joaquín Carbonell y Cesáreo Hernández,
todos ellos residentes en el Colegio Menor San Pablo, y fruto de este
esfuerzo común surgió el primer disco conjunto. José Antonio Labordeta
ha contado la historia de este acontecimiento: Pero este disco era
el producto visible de un esfuerzo colectivo de gentes que, anónimamente,
iban haciendo textos y músicas y que, con aire clandestino, cantaban
en los días de fiesta colegial. Allí, en aquellas cuatro canciones,
estaban las largas horas de audición y de charla en casa de Sanchís;
los arrebatos "baturros" de Eloy; las primeras canciones de Joaquín
y los hermosos dúos con Cesáreo y textos de Federico.
[...]
Hay
dos fechas importantes para historiar la historia de estas gentes: el
catorce de noviembre del setenta y tres y el diecisiete de mayo del
setenta y cinco. En la primera, y con un Teatro Principal a bote, se
iniciaba la andadura colectiva de muchas esperanzas que histerizaron
a viejos fascistas locales y que ya por entonces volvían a anunciar
grandes debacles si no se nos paraba muy deprisa. [...]
Y
dos años después, en aquella jornada de Huesca, cuando la gente -eran
más de cinco mil los que allí estaban- poniéndose en pie se tomaba de
las manos y todos nosotros subidos en la escena cantábamos con lágrimas
tremendas en los labios: Habrá un día en que todos, al levantar la vista...
Éramos ya realidad lo que hacía unos años era aún balbuceo aparente.
El camino estaba abierto y por allí íbamos a caminar hasta el cansancio.
[...] Y seguimos, como homenaje a los que estuvieron con nosotros.
Y seguimos, como compromiso con los que siempre creyeron en nosotros.
Y seguimos, porque las más hermosas palabras que sobre esta tierra nuestra
se han dicho, las dijimos nosotros, y aunque sólo fuese por eso, tendríamos
el derecho y el deber de estar despiertos (
7 ).
También
en Teruel nació el proyecto de realizar un rotativo quincenal, que creara
una conciencia aragonesa: el germen de Andalán surgió de la confluencia
de Eloy Fernández Clemente -por entonces profesor en diversos
centros turolenses: jefe de estudios del Colegio Menor y profesor interino
del Instituto- y José Antonio Labordeta: Caían los meses como
muertos enormes sobre todos, y el sesenta y nueve se abría con un estado
de excepción en el que todos los amigos -amigos clandestinos- huían
[...]. Eran años [...] cubiertos de amargura. Y en esta tierra
los mostrencos-paletones lo acotaban todo, absolutamente todo. No había
espacio ni para tomar el aire. Pero en Teruel -mudicos de la historia
paletona- Eloifus el divino [Eloy Fernández Clemente] tomó
la iniciativa de acometer, como una gran locura, la subida total hacia
el gran Sinaí de la esperanza. Y sonreímos todos, benévolamente, pero
reímos por lo bajo, como diciendo: "¡qué cosas tienes, Eloy,
majico!". Y el intrépido acometió la empresa pavorosa de fundar un diario,
sin más perras que las perras que daban los tristes salarios, y sin
más apoyos que unos locos vencidos por la luz cegadora de la verdad
contada en horas de vigilia por este Eloy cachondo, visionario
( 8 ).
Y así,
un poco por casualidad, un mucho por voluntad, parece que José Antonio
Labordeta ha estado siempre donde había que estar, allí donde se
ha ido creando la conciencia aragonesista de izquierdas; allí donde
había que levantar la utopía y la esperanza, aun a sabiendas, en ocasiones
"que nada es la respuesta", como diría su hermano Miguel; allí donde
la amarga soledad debía convertirse en acto solidario.

Teruel
supuso en la biografía espiritual de José Antonio el contacto con una
realidad social para él desconocida hasta entonces: el campo, los masoliveros,
ese mundo rural tan mitificado como desconocido por los intelectuales
de procedencia pequeño-burguesa. Sus primeras canciones manifiestan
este descubrimiento: la dureza en que viven las gentes de esos lares.
Es también importante este momento por suponer el asentamiento de su
voz poética, la asimilación y la creación de un yo poemático que pasa
a representar "la voz de los sin voz", el nosotros de quienes no son
capaces o no pueden levantar su propio mensaje.
En 1970,
José Antonio Labordeta se desplaza a Zaragoza, "primero como
director de una filial en el barrio de La Paz (donde conoce la dura
situación social, el lumpen, la picaresca y la hondura humana de un
alumnado bien diferente) y luego en los institutos Pignatelli y del
Alto de Carabinas" (
9 ); con él va, de nuevo, Eloy -nombrado Jefe de Estudios
del Colegio Santo Tomás de Aquino a partir de 1971-; la unión permitirá
ahora el nacimiento de Andalán -en septiembre de 1972-; en Zaragoza
pudieron contar con muchas más voces y plumas nuevas para llevar a cabo
la empresa.

José
Antonio Labordeta creó una sección fija, denominada "El dedo en
el ojo", con un narrador, "Polonio Royo Alsina", desde el número dos
hasta la muerte de Franco, con exilio en Pau incluido; es Polonio el
fundador de la IDA (la Izquierda Depresiva Aragonesa). A estas crónicas
le sucedieron las cartas del tío Lamberto.
Las consecuencias
culturales, políticas e, incluso sociales, de este rotativo son inmensas
para el futuro de Aragón.
Andalán, mirado desde la distancia y la lejanía del tiempo, representa
el despertar de la conciencia social y cultural de esta tierra de oprobio
y olvido, pero también supone un claro referente que nos indica dónde
estaban y dónde están gran parte de nuestros dirigentes políticos y
culturales, cuáles fueron sus "pecadillos de juventud" o, en versión
más moderada, dónde terminaron las utopías del sueño arcádico. Pero,
con todo, su labor de creación de conciencia aragonesa -más que aragonesista
en sus comienzos-, la búsqueda de raíces, el asentamiento de unas claves
que permitieran hablar de identidad, son, sin duda, méritos que deben
apuntarse en su haber. Por ejemplo, en buena parte, el Seminario de
Estudios Aragoneses partió de la iniciativa de Andalán (
10 ).

Primera
actuación en el pueblo turolense de Jorcas, en el año
75. Desde entonces, nunca ha faltado a esta cita.
Ya en los
años ochenta, Labordeta solicita una excedencia y abandona la
docencia, dedicándose a los recitales (ahora con mayor acompañamiento
musical), al columnismo periodístico y, eventualmente, a la interpretación
(cine y televisión, principalmente); después anuncia su retirada de
los escenarios,

Concierto de despedida
en la Plaza del Pilar de Zaragoza, 4 de octubre de 1991. Foto:
Antonio Ángel / La Vanguardia.
pero sabe
que está condenado a seguir cantando, aunque tampoco él conozca la razón.
Y, así, incluso cuando la canción de autor parecía haber pasado a mejor
vida, su voz siguió levantando ánimos y lágrimas escondidas que rodaban
por mejillas más tersas y rosadas.
Aguantó
modas y modos y modales más o menos intempestivos, alcaldes y pueblos,
renovó canciones para seguir cantando las mismas, las que todos se sabían,
porque el canto es un ejercicio colectivo, catártico, que precisa de
un sacerdote que realice la liturgia, trabajó como realizador de televisión
con los excelentes reportajes que son Un país en la mochila,
donde paisajes y hombres se funden en el misterio de cada atardecer,
aguantó carros y carretas hasta verse -todavía sin creérselo demasiado-
en el Congreso de los Diputados de la calle San Jerónimo de la Villa
y Corte como una de las señorías más requeridas y queridas, solicitadas
y solícitas.

Último DNI
en formato antiguo. ( Pasar el cursor para ver
el reverso ).
Así, fin
de milenio y principio de uno nuevo nos auguran mucha vida en un personaje
que, a sus sesenta y cinco años, sigue proclamando que Aragón fue un
invento de Eloy Fernández Clemente en una tarde-noche de nostalgia
depresiva. Pero, resulta que, lamentablemente, Aragón necesita ser re-inventado
cada pocos años porque el silencio nunca se escucha hasta que se hace
aterrador.
©
A N T O N I O P É R E Z L
A S H E R A S
OCTUBRE DEL 2000