1.19 José Antonio Labordeta  
     
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C r o n o l o g í a B i o g r a f í a S o b r e  é l
C o n t a c t o     A g e n d a

V I A J E S

Con la mochila a cuestas.
Marzo 2001. RBA. 158 págs.
Diseño Enric Jardí.
Fotografía: David Calle

 

L I B R O S
Sucede el pensamiento, 1959
Unamuno: Diario poético, 1965
Las sonatas, 1965
Cantar y callar, 1971
Treinta y cinco veces uno, 1972 Tribulatorio, 1973
Cada cual que aprenda su juego, 1974 Poemas y canciones, 1976
Método de lectura, 1980
Con la voz a cuestas, 1982
Aragón en la mochila, 1983
Jardin de la memoria, 1985
El comité, 1986
Diario de náufrago, 1988
Mitologías de mamá, 1992
Los amigos contados, 1994
Monegros, 1994
Un pais en la mochila, 1995
Tierra sin mar, 1995
Con la mochila a cuestas
Banderas rotas, 2001
Dulce sabor de días agrestes, 2003
Cuentos de San Cayetano, 2004
 



Así empieza el prólogo

Amigo lector, amiga lectora, vas a iniciar, a través de mis palabras un pequeño viaje por parajes que reflejan parte de la riqueza de este país.


Lo que cabe
en la mochila

ANTONIO LOSANTOS

José Antonio Labordeta incorpora nuevas rutas españolas y aragonesas a la serie documental «Un país en la mochila».

Infatigable, José Antonio Labordeta sigue ejerciendo de viajero por las sufridas y hermosas tierras de España. Siguen conmoviéndole sus paisajes, sus gentes y sus historias. Y sigue conmoviéndonos. Quizá el adjetivo «conmovedor» sea el que más aparece en este nuevo libro de viajes.

Y aunque pueda pensarse que ese es un adjetivo fácil cuando se habla de un crepúsculo atlántico o de la tenacidad de los resistentes de algunos valles pirenaicos, la verdad es que nos conmueve la mirada de este viajero experimentado, respetuoso y cada vez un poco menos socarrón.

Primero, coincidiendo con el penúltimo despertar de Aragón, nos deleitó Labordeta con Aragón en la mochila (1992); vino después el éxito contundente de Un país en la mochila (1995), que le daba consistencia a la serie y se convertía de paso en un reportaje televisivo de culto. Ahora, aunque en un momento andaluz declare que «mi mochila no da para mucho», nos ofrece otra docena larga de narraciones viajeras, tituladas Con la mochila a cuestas. Ha aligerado la prosa respecto a las entregas anteriores, pero no deja de sorprendernos lo mucho que cabe en esa mochila, la densidad rebosante de vida que acompaña a este viajero incansable, que parece cumplir una gozosa penitencia.

Casi vale decir que el itinerario concreto es lo de menos. Ya tiene la península –y las islas, tres islas en esta última entrega– tan pateada que raro será el lector que no se sienta llamado por alguna de las propuestas. Porque, es obvio decirlo, Labordeta no nos ofrece una guía al uso. No busque nadie surtidores de gasolina, estrellas, tenedores o precios estimativos. Labordeta echa a andar y va contando. Esa es la filosofía: andar y contar.

Observador paciente

A ndar y contar: no lo puede hacer cualquiera. Primero, porque la doble modalidad de documental televisivo y prosa viajera obliga a lucir una voz, una presencia física –algo en lo que este viajero es inconfundible–; pero también porque un libro de viajes que no quiera informar ha de ofrecer a cambio una prosa delicada y conmovedora, si se nos permite el adjetivo que le es más propio.

No sabemos si fue el Cela joven que visitó La Alcarria quien dio primero con ese estilo de observador paciente. El viajero llega al lugar y charla con sus habitantes, y pregunta y escucha, y se deja invitar a comer, y se sorprende con lo que va descubriendo y nos lo cuenta sin creérselo del todo. Es un poco agnóstico, nos dice a veces, pero por él que no quede. Un observador tan predispuesto termina por fundirse con el objeto de su visita, de modo que nos hace una confesión que no es propia ni del antropólogo, ni del científico ni del mero turista: «te desborda todo lo que te rodea». Labordeta es un viajero y un trovador.

Ha convertido el viaje en una religión, en un modus vivendi: «el camino es el camino y hay que hacerlo», nos dice en uno de tantos requiebros a Machado. Y allí va, de extremo a extremo, tuteándonos, lanzándonos advertencias –«¡no vayas en agosto!», exclama junto a San Juan de la Peña–, reflexionando en voz alta, maldiciendo las fronteras. Todo cabe en su mochila.

Mirada comprometida

Y cabe también, cómo no, la denuncia. Siempre preocupado por los desmanes urbanísticos o por algunas inextricables decisiones administrativas, la suya es una mirada comprometida. Cuenta este último libro con algunos pasajes inequívocos, sobre todo el relato titulado «Comarca de Sobrarbe», castigada por los «jerarcas del despotismo desilustrado». Cuando mira a Aragón, a Labordeta se le nota como un bulle-bulle en la mochila. Lamenta que los aragoneses seamos tan «pocos y obedientes», pero no rebla. Nada, ciertamente, que vaya a sorprendernos, pues ha dado sobradas muestras de dedicación. Un país en la mochila empezó con un capítulo sobre el Maestrazgo; ahora topamos con otro sobre el Moncayo, y otro sobre los Pirineos, y el citado del Sobrarbe, más esa pequeña y machadiana joya titulada «Primavera tarda» que evoca las «umbrosas calles» de un Teruel al que le está naciendo, como en estos días, la primavera.

Publicada en El Parnaso núm. 90. Diario de Teruel. 3/mayo/2001.

 

Aliste

Baixo Miño

Cantabria

De Ansó a l'Aínsa

Comarca de Sobrarbe

el Moncayo

Alto Tajo y Señorio de Molina

Donde el Ebro se hace delta

El Hierro

Primavera tarda

Valle de Andarax

Sierra de Aracena

La Gomera

Menorca.

 

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Con la mochila a cuestas

En RBA Ediciones,

El 25 de abril se presentó en Barcelona, con Javier Tomeo y Jesús Moncada.

Se presentó el día 19 de abril en Zaragoza (Corte Inglés).

Se titula "Con la mochila a cuestas", parafraseando el "Con la voz a cuestas" del año 82 y la serie de tv. Un país en la mochila.

Lo presentaron Miguel Mena y Miguel Pardeza.

27 de mayo: agotada la primera edición (7.000 ejemplares).