| 1.11 | José Antonio Labordeta | |
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| C r o n o l o g í a | B i o g r a f í a | S o b r e é l |
| C o n t a c t o | A g e n d a |
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Método de lectura (1981) y Jardín de la memoria (1985) constituyen ya la poética más madura de José Antonio Labordeta. Ahora el creador asume todas las circunstancias que le rodean para tratar de intrepetar el destino humano; asume también la capacidad de fabulación para la creación de los poemas ("Os contaré mi vida / tal y como nunca ha sido", nos dice en la primera de las obras). También sus canciones sufren paralela transformación e, incluso, cuando atacan temas "épicos", como "Somos", lo hacen desde la búsqueda, la autoafirmación, el autoconocimiento. Encontramos una serie de motivos que van a ser característicos de su obra posterior: el vacío del recuerdo, el deseo de huida (tan del gusto de su hermano Miguel), el escepticismo hacia la cosa pública (esos abatimientos depresivos propios de su lucha por la utopía). Es representativo el poema "Quiero llegar al mar...", que pasó a ser la letra de una canción, en el que se expresa el deseo de huida. Los espejos se multiplican ahora, ya sean como desolación ante la falta de reconocimiento ("Tu voz, siempre tu voz"), ya como espejo de la desolación ("Pavana para un niño muerto en el Líbano", "El espejo"). Comienza también a aparecer la concepción de la vida como naufragio ("El viejo armario"), que será el leifmotiv de su siguiente libro. Tiempo de despedida supone una parada con mirada atrás incluida; los poemas se tornan más urbanos y aparecen como motivos centrales la ciudad (esta Zaragoza amada y odiada, los recuerdos y el pensamiento, la madre y las sucesivas transformaciones del yo) y vuelve al poema corto, en el que se concentra impresión del paisaje, sentimiento y reflexión y siempre esa pátina de nostalgia, de fatal destino hacia la tristeza. ( Del texto de Antonio Pérez Lasheras sobre la obra poética ) |
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