1.6 José Antonio Labordeta  
     
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C r o n o l o g í a B i o g r a f í a S o b r e  é l
C o n t a c t o     A g e n d a

P O E M A S

Tribulatorio

Edicioness Javalambre
Zaragoza, 1973.
Colección Fuendetodos de poesía, Dirigida por Julio Antonio Gómez Editor: Javier Climent,
Director de ediciones: Eduardo Valdivia.
Supervisión de Luciano Gracia.
Ilustraciones de Gonzalo Tena.

 

 

 

 


Perfil basado
en la foto
del libro, realizada por Julio Antonio Gómez.

L I B R O S
Sucede el pensamiento, 1959
Unamuno: Diario poético, 1965
Las sonatas, 1965
Cantar y callar, 1971
Treinta y cinco veces uno, 1972 Tribulatorio, 1973
Cada cual que aprenda su juego, 1974 Poemas y canciones, 1976
Método de lectura, 1980
Con la voz a cuestas, 1982
Aragón en la mochila, 1983
Jardin de la memoria, 1985
El comité, 1986
Diario de náufrago, 1988
Mitologías de mamá, 1992
Los amigos contados, 1994
Monegros, 1994
Un pais en la mochila, 1995
Tierra sin mar, 1995
Con la mochila a cuestas, 2001
Banderas rotas, 2001
Dulce sabor de días agrestes, 2003
Cuentos de San Cayetano, 2004
 

       

 

El día de mañana
dirán que fuimos buenos.

Hermoso este holocausto
de bebidas alcohólicas
y riadas humanas sin más rostro
que el viento agonizante
del otoño...

Dirán...

¡ Pero qué pudieron saber
de la real historia
del callejón cerrado !

 

 

 

Tribulatorio avanza en este proceso de universalización del yo a través de la reflexión, partiendo normalmente de anécdotas autobiográficas. Incluye fragmentos de prosa poética, a la manera de versículos, en los que se incrementa el tono melancólico y nostálgico característico de su lírica (tono que se extiende a otros poemas como ese Como un ardiente niño, conjunto de poemas en los que el poeta trata de sacudirse los "fantasmas" de su infancia y recrearla míticamente, aunque con resultados no siempre satisfactorios).

Y aquí encontramos una de las constantes de su lírica: la falta de reconciliación con el pasado propio. Si todo poeta necesita crear un espacio quimérico en el que situar su particular paraíso perdido (habitualmente en su infancia, por ser el momento anterior a la "caída en pecado" que proporciona la conciencia), la generación denominada de "los niños de la guerra", encuentra serios problemas -de índole intelectual las más de las veces- para hacer de una niñez transcurrida entre odios un espacio de felicidad.

( Del texto Antonio Pérez Lasheras sobre la obra poética )