1.1 José Antonio Labordeta  
     
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C r o n o l o g í a B i o g r a f í a S o b r e  é l
C o n t a c t o     A g e n d a

P O E M A S

Sucede el pensamiento.

Colección Orejudín, Nº 2.
Zaragoza, 1959

  L I B R O S
Sucede el pensamiento, 1959
Unamuno: Diario poético, 1965
Las sonatas, 1965
Cantar y callar, 1971
Treinta y cinco veces uno, 1972
Tribulatorio, 1973

Cada cual que aprenda su juego, 1974
Poemas y canciones, 1976

Método de lectura, 1980
Con la voz a cuestas, 1982
Aragón en la mochila, 1983
Jardin de la memoria, 1985
El comité, 1986
Diario de náufrago, 1988
Mitologías de mamá, 1992
Los amigos contados, 1994
Monegros, 1994
Un pais en la mochila, 1995
Tierra sin mar, 1995
Banderas rotas, 2001
Dulce sabor de días agrestes, 2003
Cuentos de San Cayetano, 2004
 
       

Ahora y llueve digo
Como amor sin palabras.
Sucede el pensamiento.

El primer libro de poemas de José Antonio Labordeta, Sucede el pensamiento, apareció en 1959. Su mismo título nos proporciona, en gran medida, la intención de su autor: realizar una poesía "intelectual", a la manera de Juan Ramón Jiménez y las manifestaciones "popularistas" de algunos miembros de la generación del 27. Creo que todavía no podemos conocer al verdadero Labordeta, ya que aquí oscila entre la influencia/alejamiento voluntario del tremendismo de la epilírica de su hermano Miguel y la búsqueda de una voz propia. Sin embargo, existe ya una tendencia que va a ser constante en toda su obra: la aparición de un yo poético que narra desde el cansancio vital, la abulia y cubre todo con una expresión de melancólica nostalgia, de "vacío existencial"(1) que, en algún momento, se atribuye a las peculiares circunstancias históricas de España, especialmente, la marginación, la sensación de derrota de una gran parte de la población. La influencia de César Vallejo, unida a la de los surrealistas franceses y otros poetas, como Paul Verlaine, va conformando una manera de decir cada vez más personalizada. Se trata de "una poesía del yo inmerso en un mundo cerrado y sin grandes esperanzas" (2).

 

1 J.-J. Fleury, Cantar y no callar... (1982), p. 85.

2 E. Fernández Clemente, en GEA.

( Del texto de Antonio Pérez Lasheras sobre la obra poética )

 

 

Esto fue...

Apenas un recuerdo, un vago sueño
de pasados domingos sin iluminarias,
donde los camareros se aburrían
en establecimientos de segunda categoría.

Todo lo demás es un recuerdo nostálgico
de prensados días escolares
en el juvenil guardapolvo de los lunes.

Un sueño escaso de lluvias impares,
de noches inconclusas en mi pijama a rayas,
de furtivas huídas sin permiso
y quizás, de algún funeral sin esperanza.

Años cautivos que huyeron de nosotros
a través de unos textos donde puede leerse:

Hoy no llueve... domingo...

Quizás mañana muertos...

Mi padre me ha pegado...

Ya no hay amor... La una menos diez...

Huímos...

       Y huímos para siempre.

 


 

Balada impúber

Las ventanas oprimidas al corazón
no han sido abiertas todavía
y cantan, para vivir la tarde,
envueltas en la niebla.

Ríen también y esperan
al corazón que grane y grite,
a través de las cosas, su nombre
en femenino, plural o qué más da.

Pero al final, cuando el orgullo
sucumbe como un centro heroico
y se derrumba el ansia de vivir,
felices esperanzas anochecen

y anochecen la tierra y la ciudad
y el corazón impúber
se desfonda brutal hacia los sueños.

 


 

Orejudin

(Fragmento)

Camilo Estrellas,
orejas sobre el silencio de tus patitas,
ámame, corazón de burro, ámame.

Ámame con tu sueño de perfecta amazona.

Tú,
herrumbre sólo de ti mismo,
cabalgando en tu sueño de bozal.

Time is money:

Money de oro,
time de tiempo.

 


 

Sucede el pensamiento

 

Este tiempo. La lluvia.

Nadie venía a verme por la tarde
y el corazón,
opuesto a las palabras,
rendía su homenaje silencioso.

Lejos hablaba el mar, la noche.

Siempre los pasajeros
sienten terror del cielo
y nadie representa la comedia
con el tono de voz apetecido.

Seguía el agua golpeando
y nostálgicos paraguas
redimían la aurora.

Vengo del aire o nunca
decías con tus labios
y más allá, muy lejos,
respiraban los hombres su deseo.

Cada encuentro sucede
apetecido. Todos tienen temor,
es algo repentino.

Y encuentro el horizonte,
el sol guillotinado.

Nostálgico recuerdo.

Ahora y llueve digo
Como amor sin palabras.
Sucede el pensamiento.